Mar. May 21st, 2024

Allá por 1986 Isabella Rossellini se desnudó para dejarnos una de las escenas más sensuales en Terciopelo azul. 

Una mañana, Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan), después de visitar a su padre en el hospital, encuentra entre unos arbustos una oreja humana. La guarda en una bolsa de papel y la lleva a la comisaría de policía, donde le atiende el detective Williams (George Dickerson), que es vecino suyo. Comienza así una misteriosa intriga que desvelará extraños sucesos acontecidos en una pequeña localidad de Carolina del Norte

fue la película que salvó la carrera de David Lynch , rescató a Dennis Hopper del olvido y convirtió en una actriz a la exmodelo Isabella Rossellini. También fue la que terminó de configurar el adjetivo «lyncheano», bien definido por el novelista David Foster Wallace en un largo artículo sobre el realizador como «un tipo particular de ironía en la que lo muy macabro y lo muy mundano se combinan para revelar la perpetua imbricación de uno en otro». Como todas las obras maestras, ésta expandió las posibilidades del cine. Lynch creó una nueva forma narrativa, un interregno entre la lógica de la vigila y la del inconsciente, entre la luz de la superficie de las cosas y la oscuridad del mundo inverso que se esconde tras ella.

A su estreno, en 1986, los espectadores jamás habían sido expuestos a un villano tan atroz como Frank Booth (Hopper) o a una mujer tan rota como la cantante Dorothy Vallens (Rossellini). La película opera con saturaciones y extremos: colores saturados, pulsiones saturadas, artificio extremo. Lynch inaugura un pacto distinto con el público que le permite estirar al límite el realismo incluso en el más normal de los escenarios (como un pueblito del interior de los Estados Unidos) para incluir lo insondablemente extraño o lo inexplicable sin tener que dar el salto al fantástico. Sin embargo, sus películas tienen, al menos, un rasgo de este género: suelen armarse en torno a la literalización de una metáfora. Terciopelo azul sucede en un pueblo chico que es, literalmente, el infierno.

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